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El castellano Andrés Manuel del Río, descubridor del vanadio

Por Juan Pérez.- El primer descubridor del vanadio fue el madrileño Andrés Manuel del Río (Madrid, 10 de noviembre de 1764 — Ciudad de México, 23 de marzo de 1849). Una figura poco conocida que se codeó con personalidades del nivel del naturalista alemán Alexander von Humboldt y el químico francés Antoine Lavoisier, del que fue discípulo.

Estudió química analítica y metalurgia en España. Realizó estudios de filosofía, teología y literatura y se graduó como bachiller en 1780 en la Universidad de Alcalá y posteriormente ingresó en la Escuela de Minería de Almadén. Más tarde se trasladó a Francia donde estudió en París bajo la dirección del químico Jean d’Arcet. En 1786 fue pensionado por la corona española para seguir los cursos de la Academia de Minas de Schemnitz, (Hungría, entonces parte del imperio austriaco, y en la actualidad, Banska Stiavnica, en Eslovaquia).

Con el inicio de la Revolución Francesa, se cree que Del Río marchó disfrazado de aguador y así evitó compartir la suerte de su mentor, la muerte en la guillotina. Emigrado a México, en 1801 descubrió un mineral de “plomo pardo” del que sospechaba que contenía un nuevo elemento, al que llamó eritronio. La muestra fue entregada a Von Humboldt y analizada en Europa, pero concluyó que no se trataba de un nuevo elemento sino del ya conocido cromo.

En 1830, el sueco Nils Gabriel Sefström redescubrió el vanadio. Lo halló en un mineral de hierro y él sí logró demostrar que era un nuevo metal. Tras barajar nombres como odinio y erian, finalmente lo bautizó en honor a la diosa nórdica Vanadis, símbolo de la belleza y la fertilidad.

Se tribuyó al vanadio el secreto de las espadas árabes, pues se comprobó que, añadido al acero en pequeñas cantidades, producía aleaciones más fuertes. Henry Ford lo usó en la carrocería de su famoso modelo T, el automóvil que puso a disposición de la clase media estadounidense. Durante el siglo XX, el uso del vanadio se extendió para aplicaciones en las que se precisa un acero fuerte e inalterable al calor, como en algunas herramientas, máquinas industriales y estructuras de construcción.

Vanadio puede presentar cuatro estados de oxidación distintos en solución, algo bastante inusual. Los compuestos del vanadio en materiales de almacenaje particularmente eficientes para las baterías.

Se precisa para fabricar baterías estables y duraderas, que son especialmente útiles cuando la fuente de energía no es constante: por ejemplo, en los casos de la solar y la eólica.

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Esta entrada fue publicada en 11/11/2015 por en biografías y etiquetada con , , , , .

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