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Pío del Río-Hortega, el castellano que estuvo nominado dos veces para el Nobel de Medicina

Por Juan Pérez.- No son muchos los castellanos que saben de la gran aportación de sus paisanos médicos al conocimiento científico. Prueba de ello es el desconocimiento de que Pío del Río-Hortega estuvo nominado dos veces para el premio Nobel de Medicina (1929 y 1934) y se quedó a las puertas de él.

Pío del Río-Hortega (Portillo (Valladolid), 1882-Buenos Aires, 1945) realizó los primeros estudios en su localidad natal y los universitarios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid, en la que se licenció en 1905. Inició su carrera profesional ejerciendo como médico en Portillo durante dos años, pero su vocación investigadora le hizo abandonar abandonó el empleo asistencial.

Fue pensionado por la Junta para Ampliación de Estudios en 1913, acrecentó su formación en España, Berlín, Londres y París. Retornó a España en 1915 para trabajar en el Laboratorio de Histología Normal y Patológica que fundó la Junta, donde trabajó con el distinguido histólogo Nicolás Achúcarro, que fue la figura que más le influyó. En 1917 es nombrado Secretario de la Sociedad Española de Biología que preside Ramón y Cajal. Tras el fallecimiento de Achúcarro, en 1918, Río-Hortega se hizo cargo de la dirección del Laboratorio.

En 1920 la Junta de Ampliación de Estudios le creó un laboratorio, situado en la Residencia de Estudiantes, donde desarrolló grandes hallazgos. Por este laboratorio pasaron los más insignes investigadores de Europa para conocer sus métodos y sus descubrimientos.

Presidente de Real Sociedad de Historia Natural, en 1926, miembro de la Sociedad de Biología de París, en 1927, y jefe de la Sección de Investigación del Instituto Nacional del Cáncer, en 1928.

Para observar las células del tejido nervioso al microscopio, Río Hortega empleó la técnica del tanino y de la plata que había creado Achúcarro; la perfeccionó creando cuatro variantes diferentes. Una de éstas impregnaba de forma selectiva las estructuras internas de las células. Esto le permitió estudiar con detalle la neurona. Ideó el método del carbonato de plata amoniacal para investigar mejor la neuroglia y pudo modificar todos los conocimientos que entonces se poseían sobre este tipo de célula, lo que le dio prestigio internacional y méritos en varias instituciones científicas norteamericanas y europeas. Algunos personajes de gran prestigio, como Wilder Penfield, acudieron a Madrid con el fin de aprender en su laboratorio. El repertorio bibliográfico norteamericano Index-Catalog, introdujo el nombre de “células de Hortega” para designar la microglía, lo que pronto se aceptó en la comunidad científica.

Río Hortega también trabajó sobre la epífisis o glándula pineal, yendo más allá de los trabajos llevados a cabo por Achúcarro y por José Miguel Sacristán. Otro campo de sus investigaciones lo constituyó el estudio de los tumores generados en el sistema nervioso. En 1930 fundó los Archivos Españoles de Oncología.

Co-fundador el 11 de febrero de 1933 de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, creada en unos tiempos en que la derecha sostenía un tono condenatorio en relación a los relatos sobre las conquistas y los problemas del socialismo en la URSS.

En 1936 se exilió a París. Allí trabajó en el servicio de neurocirugía del Hospital de la Pitié. Se le concedió la Legión de Honor francesa.

Marchó después a la Universidad de Oxford junto al neurocirujano Hugh Cairns. Fue nombrado Doctor Honoris Causa por esta Universidad.

Tras la Guerra Civil y siendo miembro de diversas sociedades y academias de medicina americanas y europeas, decide exiliarse en la Argentina, donde desde 1940 colaboró en las investigaciones de la Escuela Neurobiológica Argentino-Germana de Christofredo Jakob y aún formó allí algunos discípulos, como Herberto Prieto Díaz, catedrático luego de Histología y Embriología en Buenos Aires. Allí también le fue brindado un laboratorio propio de investigaciones histológicas e histopatológicas, construida, para él, por la Institución Cultural Española, donde demostró el carácter neuróglico de las células satélite que envuelven a las neuronas de los ganglios sensitivos y del sistema nervioso vegetativo. La equiparación de dichos “gliocitos” a la oligodendroglia fue la culminación de su labor sobre este tipo de célula.

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Esta entrada fue publicada en 04/11/2015 por en biografías, investigación y etiquetada con , , .

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