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Artur Mas y Bildu en el tablero de la geopolítica del agua

Por Juan Pérez.- El agua del Ebro no es de Cantabria ni del señor Revilla; será de todos, mientras todos estemos unidos: si Cataluña se fuera, Cataluña ya no podrá decidir sobre las aguas que quedaran fuera de la parte catalana de la cuenca del Ebro. En el tablero de juego de la geopolítica del agua, una Cataluña secesionada tiene mucho que perder.

En la primavera de 2008, como consecuencia de la escasez de aguas en los embalses de la cuenca del Llobregat que abastecen a Barcelona (Baells, Sant Ponç, Llosa de Cavall y Sant Martí de Tous), se planteó trasvasar agua desde la subcuenca del río Segre, afluente catalán de Ebro en tierras leridanas, a Barcelona y su pobladísima área metropolitana. El mero planteamiento del trasvase interno catalán causó una fuerte reacción en la provincia leridana y se paró en seco el proyecto. Además, la lluvia volvió a Cataluña tras un tiempo de ausencia.

Cabe pensar que episodios como los que se dieron en la primavera de 2008 se volverán a dar, más si tenemos en consideración el llamado “cambio climático”. Una Cataluña secesionada precisa el agua del Segre para abastecer a las Terres de l’Ebre (comarcas de Amposta, Tortosa, Gandesa y Mora d’Ebre) y a las ciudades de Reus y Tarragona, con su industria petroquímica. ¿Y por qué lo precisa? Porque en la actualidad, y desde 1989, se abastece del “minitrasvase” del Ebro, que ya no controlaría más que en unos pocos kilómetros y parcialmente, porque bajo administración catalana solo estaría la cuenca baja del río y su río más importante.

Esta dependencia de Tarragona del agua del Segre crearía conflictos intraterritoriales entre leridanos y tarraconenses, además de que, en situaciones excecionales, el agua del Segre sería imprescindible para abastecer a la pobladísima área metropolitana de Barcelona, que en parte también se abastece de los embalses del Ter en tierras del interior de la provincia de Barcelona y en tierras gerundenses (Sau, Susqueda y Pasteral). Los conflictos por el agua en una Cataluña no harían de ella el idílico paraíso que dibuja y colorea Artur Mas y los que le secundan.

Esto mismo se puede decir de las aguas que abastecen a la ciudad de Bilbao desde los embalses del Norte de Burgos (trasvase de Cerneja-Ordunte) y de las aguas de otros territorios que, de secesionarse, escogerían perder el control de las aguas con las que beben, riegan o se abastecen para usos industriales y turísticos.

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Esta entrada fue publicada en 22/07/2015 por en opinión y etiquetada con , , , , , .

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